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El Parque Natural (↑subir)
La Dehesa de la La Gabrielina se encuentra muy cerca del Parque
Natural de Cornalvo. La riqueza natural y cultural de esta zona es
de una alta valía, escondiendo en su interior la sutil belleza de
las cosas sencillas esperando ser descubiertas.
Llaman la atención del visitante sus extensas dehesas, junto a los
sotos ribereños en los que el agua ha formado atractivas cascadas y
cuevas, y, reclamando su protagonismo central, el soberbio embalse y
la singular presa construida por los romanos.
La utilización tradicional de estas dehesas, además de aumentar la
base socioeconómica de la zona, proporciona alimento y cobijo a las
más de 250 especies de vertebrados que viven en el Parque, muchas de
las cuales encuentran uno de sus últimos refugios en su interior.
La extensión del parque es de 10.740 hectáreas. La entrada se
efectúa a través de la localidad de Trujillanos, a sólo 7kms. de
Mérida.
Estos bellos parajes son parte del último reducto de la
vegetación que hace siglos ocupó las fértiles las vegas del Río
Anas, el Guadiana, así como las fragosas sierras que jalonaban su
recorrido. La calidad de las tierras y las posibilidades de
introducir cultivos de regadío hicieron posible la eliminación de
grandes extensiones de encinares y alcornocales en todas las vegas
del Guadiana, quedando ahora reducidas a islas arboladas en un mar
de cultivos de regadío. De hecho, los límites sur y este del Parque
Natural de Cornalvo se encuentran rodeados por cultivos de regadío,
que se interrumpen al llegar a las dehesas situadas en las laderas
del Parque. |

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Embalse de Cornalvo

Muralla Romana |
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Las dehesas de Cornalvo se salvaron a lo largo de los siglos
de las transformaciones humanas debido a que la mayor parte del
Parque está ocupada por un inmenso bloque de granito que aflora por
doquier, dando lugar a caprichosas formaciones en las que ha
prosperado una vegetación poco exigente. La escasa profundidad del
suelo y las rocas de granito impidieron que estas tierras tuvieran
otro uso que la dehesa y el pastoreo, estando imposibilitadas para
mantener grandes parcelas de cultivos de secano o de regadío.
Las dehesas de Cornalvo se caracterizan por su notable diversidad,
existiendo dehesas de encina, de alcornoque, mixtas de ambas
especies, cultivadas, con matorrales, con pastizales permanentes,
etc., creando un variado mosaico que constituye la esencia de su
riqueza natural.
Las dos principales formaciones montañosas, Sierra Bermeja y Sierra
del Moro, conservan en la parte más alta de sus laderas grandes
manchas de bosque y matorral mediterráneo, donde abundan especies
como madroño, piruétano, labiérnago, romero, lentisco, brezos y
jaras. En las laderas orientadas hacia la solana, se aprecia
perceptiblemente un cambio en la vegetación, siendo más abundantes
arbustos como coscoja y acebuche.
Los alcornocales de llanura, escasamente representados en
Extremadura por haber sido transformados en cultivos por la
fertilidad de las tierras donde se asentaban, encuentran en Cornalvo
algunas formaciones bien conservadas, siendo el importante valor del
corcho la razón de su existencia.
En la extensa red fluvial, compuesta por cuatro cauces principales
(Río Aljucén, Río Albarregas, Arroyo del Muelas y Arroyo de la
Fresneda) y más de treinta pequeños tributarios, hace posible el
desarrollo de una gran diversidad de sotos en sus riberas. Son
especialmente espectaculares las fresnedas, que forman galerías casi
impenetrables en algunos tramos, así como fresnos aislados de gran
porte y edad. En los cursos fluviales estacionales predomina el
tamujo, que sigue el sinuoso curso del agua ocultando a veces el
cauce. En el Aljucén, las adelfas son más frecuentes, alternando con
sauces y fresnos a lo largo de su recorrido.
Como consecuencia de la diversidad estructural de un hábitat
compuesto mayoritariamente por bosque mediterráneo, dehesas y
riberas, el Parque de Cornalvo acoge al menos 249 de especies de
vertebrados, siendo las aves el grupo más representado con 175
especies, seguidas de los mamíferos (31 especies), reptiles (16),
peces (14) y anfibios (13).
La especie más emblemática del Parque es sin lugar a dudas la
cigüeña negra, especie en peligro de extinción, que nidifica en los
alcornocales más cerrados y tranquilos, siendo relativamente fácil
observar ejemplares alimentándose en los ríos y charcas.
La ausencia de roquedos de importancia limita en gran medida la
nidificación de algunas aves rupícolas, pero sin embargo las rapaces
forestales están bien representadas, siendo frecuentes águila
calzada, águila culebrera, milano negro, milano real, gavilán y
elanio azul. El buitre negro y el buitre leonado, aunque no son
nidificantes, acuden a las dehesas en busca de alimento procedentes
de las colonias cercanas de Sierra de San Pedro.
En los cultivos de cereal situados en las inmediaciones del Parque,
es posible observar aves esteparias como avutarda, sisón y aguilucho
cenizo.
Las calmadas aguas de los embalses y charcas adquieren especial
importancia en invierno, siendo utilizados por cormorán, ánade real,
pato cuchara, ánade friso, cerceta común, zampullín chico, somormujo
lavanco, garza real y gaviota reidora.
En dehesas próximas a cortijos, las encinas están coronadas por
numerosos nidos de cigüeña blanca, formando colonias donde se
concentran numerosas parejas.
El jarabugo, pez endémico de la cuenca del Guadiana, es frecuente en
el Río Aljucén, lugar donde fue descubierto para la Ciencia en 1866.
Actualmente se encuentra catalogado en peligro de extinción,
refugiándose en los tramos de cabecera menos alterados por el
hombre. Por ello, la mayor parte del tramo del Río Aljucén que
atraviesa el Parque se considera zona de uso restringido. Otras
especies presentes en los ríos son la boga, la pardilla, el barbo,
la colmilleja y el calandino, todas ellas autóctonas.
Dentro de los anfibios merece especial mención la extraordinaria
densidad del sapo partero ibérico, con área de distribución muy
restringida a nivel peninsular.
La salamandra, especie generalmente asociada a bosques de montaña,
está también presente en los alcornocales más umbrosos de Cornalvo,
especialmente en las laderas menos alteradas.
El lince ibérico, que en tiempo campeó por estas sierras y dehesas
aprovechando la grandes densidades de conejo, actualmente muy
diezmadas por las enfermedades, no ha vuelto a ser observado desde
comienzos de los 80. (↑subir) |